Qué ha hecho la pandemia con nuestra salud mental?

Todos estamos experimentando estrés ahora, desencadenado por el sufrimiento por la pérdida de seres queridos, pérdidas económicas y por el aislamiento. Lo importante es distinguir cuándo se requiere tratamiento profesional.
Los científicos aún no están seguros, pero creen que es posible que un virus como el SARS-CoV-2 afecte indirectamente el cerebro al causar poca oxigenación y excesiva coagulación. Lo que sí saben es que tiene un efecto perjudicial en la salud mental, y que puede ser duradero. Pueden producirse en quienes no tenían condiciones previas, pero son más graves en quienes estaban luchando con la depresión, ansiedad o estrés postraumático.

El doctor Husseini K. Manji, investigador en Neurociencias involucrado en el reciente desarrollo de un tratamiento para el trastorno depresivo mayor, explica que normalmente la angustia activa la parte del cerebro llamada sistema límbico, la cual lucha contra el estrés. Cuando pasa la amenaza, el sistema se aquieta. El problema que tenemos ahora es que el estrés se ha vuelto crónico y el sistema límbico no puede descansar.

Esto es especialmente cierto en un grupo que se ha vuelto vulnerable: los trabajadores de salud y de servicios de emergencia. Por supuesto, está consciente de las dificultades: un trabajador de salud suele estar acostumbrado a no buscar ayuda para sí mismo. Una manera de reconocer la dedicación de este sector en estos tiempos debería ser asegurarse de que lo hagan.

¿Cómo hacer para que las medidas por la pandemia, necesarias en determinado momento, no representen un riesgo para la salud mental de la población? El desajuste emocional podría ocasionar que, al salir de las medidas más estrictas, muchos salen a hacer la vida según la normalidad anterior, utilizando mal los implementos de bioseguridad.

“Tendríamos que moderar nuestras expectativas”, empieza diciendo la doctora Glenda Pinto, psicóloga clínica. “Hemos salido con relativo éxito de la cuarentena y pasamos a una etapa de mantenimiento, para luego ir a la adaptación. Mientras la situación sanitaria no nos ofrezca una garantía (vacuna), tendremos que encontrar nuevas formas de hacer las cosas”.

Hay grupos humanos, reconoce Pinto, que van a pasarlo peor que los demás. “La cultura latina es de contacto físico, de compartir la comida”, y por eso nos preguntamos seriamente cómo vamos a hacer para demostrar nuestros afectos.
Ahora, cuando se trata de alguien que ya tenía algún tipo de neurosis, ansiedad, nerviosismo, el cuadro es otro. “Están teniendo picos de ansiedad y estrés agudo, agravando su condición y creando fobia a salir”.

Otros son las personas mayores y quienes por sus diferentes situaciones médicas tienen desaconsejado dejar la casa. “Las depresiones son el pan del día entre los que consideramos ‘población de riesgo’”. Es importante manejar mejor estos términos, agrega la especialista, y ayudar a estos grupos a que no se sientan estigmatizados, amenazados o inutilizados.

Hora de replantearse los planes personales

Para moderar las expectativas, una clave es no torturarse con la pregunta cuándo. Cuándo habrá vacuna, cuándo habrá cura, cuándo cesarán los contagios, cuándo podré ir a una fiesta. Las fechas podrán variar dependiendo de los acontecimientos. “Tendré que ir adaptando mis planes de acuerdo a lo que dispongan las autoridades sanitarias e informarme de cómo proceder al pasar de una etapa a otra”.

A corto plazo. “Trataré de resolver lo que está a mi alcance. Mis comidas, mi trabajo, mis actividades caseras. Haré lo que puedo”. Ocuparse antes que preocuparse.
A mediano plazo. “Planificaré qué puedo adelantar de mi trabajo, resolveré pagos pendientes”.
A largo plazo. “Diría que, por el momento, dejemos los planes a largo plazo de lado, porque no lo podremos resolver y nos causará más desazón”.

Es importante también aprender a sustituir las emociones desagradables del distanciamiento y la cuarentena. No piense que ha perdido oportunidades que esperaba, enfóquese en el tiempo que ahora tiene para aprender algo que siempre quiso, hacer reparaciones en la casa. “Esto no va a durar toda la vida, así que debo aprovecharlo para mi desarrollo personal”.

Otra emoción común es la frustración. “Yo había planificado mi vida, y muchas cosas se vinieron abajo”. La frustración es natural, responde a las situaciones. Requiere gestión emocional, que es la parte que, en opinión de Pinto, falta profundizar.
De lo contrario, se podría reaccionar ante un panorama abrumador con emociones como la negación, uno de los mecanismos de defensa del cerebro. “El sistema límbico, que se activa ante las emergencias, nos dice que estamos en peligro. Activa el miedo a la muerte, a la enfermedad, al contagio. La mente pone un velo de negación: ‘Esto no es verdad, es una conspiración mundial, nos están mintiendo’”.
Ante esto, Pinto recomienda seleccionar bien la información que consume. “El sistema inmunológico se deprime cuando me invaden las emociones negativas, y nos quedamos sin recursos. La salud mental puede ser más determinante que la física en ciertos momentos”.
Durante la pandemia, opina, también hemos tenido logros. Por ejemplo, hemos tenido que aceptar que no cuidamos el sistema inmunitario. “Haga lo que le viene mejor para su bienestar”, resume Pinto. No se pase de las ocho horas de trabajo. Haga ejercicio. Coma algo especial, si gusta. Y libérese de expectativas que le hacen daño.

Fuente Informativa: Diario El Universo