Dos contadores están detrás de compañías fantasmas
Al inicio, Comexito S.A. era un emprendimiento familiar. Se dedicaba a la venta de artículos de ferretería, pero quebró. Años después se convirtió en una de las empresas fantasmas más usadas para posibles evasiones tributarias.
Uno de sus antiguos dueños, Otón Ladines Quiñónez, contó que un gran cliente dejó de pagarles. “No pude salir adelante por falta de capital”, se lamenta. Eso sucedió hace diez años.
Meses después de la quiebra, en marzo del 2010, dos personas que han trabajado como mensajero y conserje en otras compañías fueron nombradas directivos de Comexito ante la Superintendencia de Compañías. Ladines dice que no sabe quiénes son, a pesar de que en esa fecha aún figuraba como accionista de la compañía.
Tampoco conoce a Roberth Simisterra, un guardia que según los registros de la Superintendencia compró Comexito en octubre de 2011. Ladines no se explica cómo esas personas llegaron a la empresa. Tras la bancarrota no hizo ningún trámite societario.
Según el SRI, Comexito declaró ventas por $ 13,3 millones entre 2011 y 2014, cuando ya estaba a nombre del guardia, el mensajero y el conserje, sin registrar ningún emplea
En la dirección que Comexito registró, en el centro sur de Guayaquil, hay una casa de dos pisos que tiene un cuarto de alquiler y un salón de belleza. Una señora, que se identificó como la dueña del inmueble, se molestó por ser consultada sobre esa compañía. “Tres meses estuvieron… Han ido debiendo al fisco”, dijo. No quiso identificar a sus exinquilinos.
El SRI declaró fantasma a Comexito en septiembre del 2016. En uno de sus expedientes administrativos consta que quien manejó la documentación societaria de Comexito en esos años fue el contador Arturo Soriano Muñoz. Su nombre aparece en la historia de otra empresa fantasma.
Se trata de Antolougroup S.A., creada por el comerciante Lizandro Velasco Mendoza en 2005 para vender teléfonos celulares. Él contó que tuvo que disolverla, ya que montó su negocio usando otra sociedad. Dijo que Arturo Soriano, que en ese entonces era su contador, se encargó de la disolución.
En realidad, la Superintendencia de Compañías disolvió Antolougroup de oficio en 2009 por no presentar la información anual obligatoria. Meses después, la empresa se regularizó y la Superintendencia la reactivó.
Entre los documentos que se presentaron para la reactivación están informes firmados a nombre de Lizandro Velasco. “¡Qué burda falsificación! Claro que no es mi firma”, reaccionó él al ver los papeles.
Según los registros societarios, Gerson Rojas Arroyo compró acciones de Antolougroup en enero del 2010. Actualmente, él tiene 30 años y gana el sueldo básico como técnico eléctrico.
Él también aparece en otras dos empresas fantasmas: Divinacompany S.A. y Gotoconstru S.A. Estas compañías reportaron ventas por $ 52,2 millones y facturaron $ 2,5 millones a CWE y CAMC.
“No tengo ni una bicicleta, que es lo más bajo. Vivo en la Isla Trinitaria”, indicó Rojas. También contó que el SRI lo contactó por este problema en 2014. Luego de interrogarle, un funcionario comprendió que Rojas había sido víctima de una falsificación. La sospecha es que alguien clonó su cédula.
Gerson Rojas planteó una denuncia en la Fiscalía por falsificación de documentos a finales del 2016 en contra de las personas que aparecían ligadas a esas empresas fantasmas. La investigación fue archivada a inicios de mayo de este año, por pedido del fiscal Segundo Lucas Centeno.
José Calle Paredes, un albañil que trabaja en la Amazonía, también figura como accionista de Divinacompany y de otras tres empresas fantasmas.
Dijo que no conoce a esas compañías ni a las personas que están relacionadas con ellas, y que ninguna autoridad lo ha contactado.
“Mire, yo no sé. Yo soy simplemente un peón y me vienen con esta situación”, dijo.
EL UNIVERSO habló con dos personas que trabajaron para Soriano. Las reuniones se hicieron por separado.
Afuera de su actual trabajo, uno dijo que su exjefe se dedicaba a comerciar facturas a empresas y que cobraba entre el 2% y el 3% de lo facturado. La otra fuente contó que Soriano desapareció de la oficina a mediados del 2015 y que, después, se enteró de que él se dedicaba a la “compra de facturas para bajar los impuestos”.
También recordó que Soriano telefoneaba frecuentemente a Jaime Gutiérrez Elvay, un contador que ya fue procesado por supuesta defraudación tributaria a través de empresas fantasmas, aunque nunca lo vio en la oficina. “Escuchaba que (Soriano) hablaba y lo nombraba: ‘Jaime’, tal cosa… Yo creo como que le prestaba plata porque decía que iba para allá a ver dinero”, contó.
Muchos lazos unen a Gutiérrez Elvay con empresas fantasmas, incluyendo aquellas en las que participó Soriano. Familiares y exempleados de Gutiérrez aparecen en el historial societario de esas compañías.
Su padre y un primo fueron accionistas de Gotoconstru entre 2007 y 2012. Ahí también fue socio William Villamar Bravo, quien trabajó por seis años en Sunservicorp S.A., una compañía de Gutiérrez Elvay.
En la Superintendencia, Villamar Bravo aparece ligado a nueve empresas fantasmas. Una firma parecida a la que lleva en su cédula consta en los expedientes de Comexito, Antologroup, Gotoconstru y Divinacompany, en calidad de Secretario ad hoc de las juntas de accionistas. Esa firma consta en los nombramientos de Gerson Rojas y José Calle Paredes en varias empresas. Villamar Bravo dice que se trata de una falsificación.
Otro empleado de Gutiérrez Elvay aparece como representante legal de seis compañías fantasmas.
La investigación contra Gutiérrez Elvay se inició en 2017 por una denuncia anónima que llegó a la Policía Judicial.
Agentes encubiertos siguieron a los sospechosos e identificaron diez inmuebles, que luego fueron allanados.
En uno, ubicado en Salinas (Santa Elena), se hallaron chequeras bancarias de 19 empresas fantasmas, entre ellas, Comexito, Highstrategy, Gotoconstru, Divinacompany, Antolougroup y Workcomti.
No obstante, el juez no encontró razones suficientes para enjuiciar a Gutiérrez y otros tres procesados. (I)
EL DIARIO
